Carmorvan
Casi todos los crímenes que castiga la ley se deben al hambre.René de Chateaubriand
No nos debe sorprender como lo indica la editorial de AMBIENTE Y SOCIEDAD, AÑO 11 Nº 451, cada 24 horas mueren de hambre en el mundo unas 100 mil personas, entre las cuales 30 mil son niños con menos de 5 años de edad. Cada día, el hambre embiste sin piedad los estómagos y la vida de los pobres más pobres de este mundo. En los países en los que este flagelo universal no es parte de la vida cotidiana, son pocos los que lloran y se conmueven. ¿Cuáles son las causas de que el mundo se haya convertido en un sitio tan injusto?
Durante el último medio siglo, la producción mundial de alimentos ha aumentado de forma vertiginosa, más aun que la población. Entre 1990 y 1997 la producción per cápita de alimentos creció casi un 25 %, sin embargo, el número de personas que actualmente padece hambre en el mundo, 1.200 millones, es el mayor que se haya registrado jamás en la historia de la humanidad.
En el planeta se produce la cantidad necesaria de alimentos para todos y cada uno de los habitantes. El problema del hambre, no se debe a la escasez de alimentos, sino a la forma en los que se distribuyen. Los alimentos están al alcance sólo de quienes cuenten con los medios necesarios para adquirirlos. Increíblemente se elige dejarlos pudrir, almacenarlos indefinidamente o utilizarlos de cualquier otra forma a detener este monstruoso genocidio.
Es inconcebible, que un país como Venezuela, que no esta libre del hambre y la pobreza, la hay, pueda desperdiciar los alimentos que compra, almacena y por no haber controles adecuados en el manejo y distribución de los alimentos, en los últimos meses se han perdido un significativo número de toneladas, porque estos se han deteriorado y tenido que botarse, pudiéndose haber consumido.
Nos agrega Ricardo Natalichio en su editorial, que gran parte de las tierras cultivadas durante incontables años por campesinos y pueblos originarios de los países que ahora pasan hambre, han sido cooptadas por el agronegocio. Las grandes multinacionales se han adueñado de los campos en los que se producían alimentos para los más pobres del mundo y siembran soja, palma aceitera, maíz, trigo, algodón y tantos otros para alimentar a los automóviles y engordar el ganado y los bolsillos de los países del norte.
Acabar con el hambre es urgente. Junto con brindar acceso al agua potable, son los objetivos mas importantes que deberían plantearse seriamente el G8, la ONU, la FAO y todos los organismos internacionales creados y administrados por los países ricos. El latifundio debería ser declarado un crimen de lesa humanidad, los subsidios agrícolas como los de Estados Unidos prohibidos y declarada la libre circulación de alimentos.
El ser humano ha hecho del mundo un lugar injusto, hostil y deplorable para mas de mil millones de personas y los principales culpables son los que se erigen como los grandes defensores de la justicia y se proclaman a si mismos como los salvadores de la humanidad. Sin embargo, pese a tener las herramientas al alcance de sus manos, no las utilizan mas que para su propio beneficio.
Es difícil aceptar que haya quienes podrían erradicar el hambre en el mundo, salvar a cientos de miles de personas simplemente decidiendo hacerlo y que, sin embargo, no lo hagan. Sin embargo seguramente eso no les impide conciliar el sueño ya que sus bolsillos llenos y cuentas bancarias abultadas han anestesiado sus conciencias. Por eso no van a ser ellos quienes transformen este mundo, sino nosotros, los pueblos, con nuestra lucha, con nuestra protesta, con nuestra unidad en la decisión de cambiar el sistema para cambiar el mundo.
Definitivamente, debe haber más integración responsabilidad de los gobiernos en donde sus países mantienen un índice considerable de personas, especialmente niños, padeciendo el hambre. Tomar medidas más eficaces, programas de acción que den soluciones a este triste flagelo.
Nos recuerda Duncan Green, coordinador de investigaciones de la ONG, que en este mundo hay recursos para todos, pero muy mal repartidos, hasta el punto de que los ingresos de las 500 personas más ricas del planeta son superiores a lo que perciben los 416 millones de personas más pobres. Esta injusticia marca las vidas de unos mil millones de personas que viven en la pobreza más absoluta y, en no pocos casos, llega a ser causa de su muerte.
Esta desigualdad inhumana determina que un niño no llegue a cumplir los cinco años de vida dependiendo no sólo del país en el que nace, sino del entorno en el que nace. Porque aún dentro de los países, las desigualdades son enormes y espantosas. La brecha se agranda cada día y condena a más personas a la pobreza, a la enfermedad y a una vida sin la mínima dignidad humana a la que tienen derecho.

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